La suerte
es una flecha lanzada que hace blanco en el que menos la espera.
(C.Adenauer)
Decía
el gran Napoleón de los franceses, que él a la hora de elegir a sus generales,
no se esmeraba especialmente en sus dotes de mando, ni en el valor
de su estrategia militar, ¡Qué va!. Lo que más le
interesaba de ellos era su suerte. Él entendía que era más importante
gozar de ésta circunstancia que no de otras cualidades.
Si
Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, (Bécquer) hubiese
nacido cincuenta años antes, hubiera sido francés, y para rematar
la faena hubiera tenido la vocación de militar, jamás habría
llegado al grado de general, porque suerte tuvo, pero muy mala.
Bécquer
nació en Sevilla un día como hoy, 17 de febrero de 1836, y no
precisamente en un patio donde florece el limonero, como Machado. Pronto se
quedó huérfano de padres y fue su madrina el que se hizo cargo de él y de
su hermano mayor Valeriano. Era su padre un pintor de poca monta y
él, como nos sucede a todos de pequeños, quiso ser artista y seguir sus
pasos. Al final las letras le tiraron más, afortunadamente para nosotros.
Gracias a ésa elección perdimos a un pintor regular, pero ganamos uno de
los mejores poetas de nuestra literatura.
Lo
de apodarse Bécquer de apellido fue para darse más realce. Ya en esa lejana
época no nos gustaban nuestros nombres y apellidos, y
nos empecinábamos ir a la moda buscándolos fuera de nuestras fronteras.
Él rebuscó en su árbol genealógico y encontró un tío lejano alemán
llamado Bécquer que le pareció más apropiado.
Pronto
marchó a Madrid detrás de su hermano, buscando en la capital lo que en Sevilla
era imposible, vivir de la poesía. Se estableció en una pensión de mala muerte y las pasó canutas sobreviviendo
gracias a la ayuda de su hermano. En esto, (me estaba acordando),
su vida fue muy parecida a la del pintor Van Gogh. Ambos sufrieron
penalidades similares. Entre amores pasionales, publicación de algunas poesías
y mucha hambre, en 1957 contrajo tuberculosis. Asunto que a la postre le
llevaría a la tumba muy joven, demasiado joven, con tan solo treinta y
cuatro años.
Literariamente
a su obra se le cataloga como romanticismo tardío, pues debemos tener en cuenta
que éste movimiento artístico comienza en Europa con los autores alemanes
a principios del siglo XIX. Así que Bécquer ya iba tarde. Lo que sí es cierto
es que todo su trabajo: Rimas, Leyendas, Novelas y Poesías, es de un
romanticismo profundo.
Hablaba
antes de su mala suerte y, es que miren: se enamoró de manera apasionada, (como
era habitual en él), de una bella mujer con la que llegó a casarse,
y cuando la felicidad parecía sonreírle descubrió que ésta le ponía los
cuernos. Para más escarnio, si cabe, la bella dama se llamaba Casta. Ésto
(la infidelidad) le marcó para el resto de su corta vida. En muchas de sus
poesías se refleja ésta amargura amorosa. Curiosamente, pocos meses antes de su
muerte se reconcilió con ella.
Bécquer
murió en Madrid en 1870 entre el olvido y la indiferencia de sus
contemporáneos. Hoy su poesía está siendo reconocida como se merece,
y si no exagero demasiado, su figura como poeta habría que colocarla en
el podio de los tres mejores de nuestra literatura castellana universal.
Ahí
van algunos retazos de sus mejores versos, a mi entender. Y fíjense qué
sensibilidad para con el bello sexo. También pueden adivinar en cada uno de
ellos su momento personal y anímico.
Poesía.
No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al
beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;
mientras el aire en su regazo
lleve
perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no
alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista;
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista;
mientras la humanidad, siempre
avanzando
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras sintamos que se alegra el
alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que
reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa
¡habrá poesía!
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa
¡habrá poesía!
Tu pupila es azul.
Tu pupila es
azul, y cuando ríes
su claridad suave
me recuerda
el trémulo fulgor
de la mañana
que en el mar se
refleja.
Tu pupila es
azul, y cuando lloras
las transparentes
lágrimas en ella
se me figuran
gotas de rocío
sobre una violeta.
Tu pupila es
azul, y si en su fondo
como un punto de
luz radia una idea,
me parece en el
cielo de la tarde
¡una perdida
estrella!
Por una mirada
Por una mirada,
un mundo,
por una sonrisa,
un cielo,
por un beso… ¡yo
no sé!
qué te diera por
un beso.
Una lágrima.
Asomaba a sus
ojos una lágrima
y a mis labios
una frase de perdón,
habló el orgullo
y se enjugó su llanto
y la frase en mis
labios expiró
Yo voy por un
camino, ella por otro;
pero al pensar en
nuestro mutuo amor,
yo digo aún ¿Porqué
callé aquel día?
Y ella dirá: ¿Porqué
no lloré yo¿
Un trágico
sainete.
Nuestra pasión fue
un trágico sainete
en cuya absurda
fábula
lo cómico y lo
grave confundidos
risas y llanto
arrancan.
Pero lo peor de
aquella historia
que, al fin de la
jornada,
a ella tocaron
lágrimas y risas
¡y a mí sólo
lágrimas!
Suspiros.
¡Los suspiros son
aire y van al aire!
¡Las lágrimas son
agua y van al mar!
Dime mujer,
cuando el amor se olvida
¿Sabes tú donde
va?
Cuando me lo contaron
Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche;
en ira y en piedad se anegó el alma…
¡y entonces comprendí por qué se llora,
y entonces comprendí por qué se mata!
en ira y en piedad se anegó el alma…
¡y entonces comprendí por qué se llora,
y entonces comprendí por qué se mata!
Pasó la nube de dolor… Con pena
logré balbucear breves palabras…
¿Quién me dio la noticia?… Un fiel amigo…
¡Me hacía un gran favor!… Le di las gracias.
logré balbucear breves palabras…
¿Quién me dio la noticia?… Un fiel amigo…
¡Me hacía un gran favor!… Le di las gracias.
Herido.
Me han
herido recatándose en las sombras,
sellando con
un beso su traición.
Los brazos
me echó al cuello, y por la espalda
partiome a
sangre fría el corazón.
Y ella
prosigue alegre su camino,
feliz,
risueña, impávida, ¿y por qué?
Porqué no
brota sangre en la herida…
¡Porqué el
muerto está en pie!
Volverán
las golondrinas
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo
refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas… ¡no volverán!
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas… ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día….
ésas… ¡no volverán!
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día….
ésas… ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…desengáñate,
¡así no te querrán!
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…desengáñate,
¡así no te querrán!
Joaquín Yerga
17/02/2017
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