Para tener éxito hay que tener amigos; para tener mucho éxito hay que tener enemigos.
(F.Sinatra)
Para toda persona su nombre es el sonido más dulce… Incuestionable sentencia ésta que formulaba en su libro mas leído, el escritor norteamericano Dale Carnegie. Nos contaba también, a modo de ejemplo, que conoció a un tipo en un pueblo de Pensilvania, de tres mil habitantes, que se sabía los nombres de pila de todos y cada uno de sus convecinos… Es más, cada vez que se encontraba con alguno de ellos por la calle le saludaba efusivamente por su nombre y jamás se equivocó. Éste individuo llegó a ser un personaje muy querido y respetado en su comunidad. Digamos con toda rotundidad que triunfó en ella.
Pasó ése libro por mis manos años atrás y he de confesarles que me pareció tan curioso que aun no lo he olvidado. De hecho, aun debo tenerlo por ahí, en alguna parte y dispuesto en cuanto lo tenga a tiro volverlo a releer. Y es que, y por hablar de todo un poco, definitivamente he vuelto al papel después de una corta temporada de serle infiel con la electrónica.
El tomo en cuestión es una especie de manual de autoayuda, concebido con la loable intención de influir en nuestro bienestar emocional. Su titulo es muy expresivo y nos dice mucho de su contenido: --Cómo hacer amigos--. Lo bueno y tan diferente de otros es que fue escrito en los años treinta del pasado siglo, es decir, no pertenece al boom de los actuales, en donde hay estanterías repletas de títulos como éste en las librerías.
El amigo Dale nos aconseja en su libro, fundamentalmente, cómo deberíamos comportarnos si queremos triunfar en sociedad. He de decirles que ésta obra fue un best seller mundial durante mucho tiempo, y muy influyente en ciertos medios norteamericanos, sobre todo, mercantiles y culturales. El meollo del asunto se basa en la creencia del autor, según la cual, si nos mostramos benevolentes con los demás, revierte después en nosotros como un boomerang todo su cariño y afecto, pero multiplicado por diez.
Lo cierto es que sus reglas no son fáciles de seguir. Deberemos esforzarnos lo suficiente para cumplirlas. Es decir, no es tarea sencilla para personas orgullosas, intransigentes o soberbias. Hay que señalar, no obstante, que está enfocado principalmente a individuos frustrados por la soledad, la timidez o la introversión. En pocas palabras, nos invita a proceder con empatía, e interés por los problemas de los demás. Si actuáramos así, nos asegura, tendremos ganado el cielo social y colectivo, porque contaremos para ello con muchos amigos para disfrutar una vida plena de felicidad.
Después de ojear algunos de los muchos ejemplares de autoayuda que pululan por el mercado, llego a la conclusión de que sus enseñanzas son similares. En todos nos recomiendan, (como Jesucristo) poner la otra mejilla cuando nos hieran. Y no deja de ser muy duro, pues no es fácil domeñar recelos o vanidades y transformarlos luego en simpatía y encanto para con los demás.
Lo más extraordinario de este volumen es que fue el primero que se atrevió a sugerirnos este tipo de comprensión y tolerancia para prosperar también en los negocios. Creo que los que osen echarle un vistazo saldrán reconfortados. Ha habido personajes importantes que, reconociendo seguir sus consejos, han admitido su utilidad para su triunfo en su vida personal y profesional. De los más conocidos, ahí tenemos al millonario, Warren Buffett, por cierto, el tercer hombre más rico del mundo y filántropo reconocido.
Apostaría lo que fuese que, para triunfar en los diferentes propósitos de la vida, incluido el personal, hace falta algo más que seguir las instrucciones de estos manuales, porque qué duda cabe que el carácter y la personalidad de cada uno influye de manera determinante en ello.
Imagino que los que tengan la suerte de poseer una bonita sonrisa, una simpatía arrolladora, o la fortuna de atesorar de serie supinas: paciencia y serenidad, les será más fácil tener amigos. Y como todo en la vida los hay ya predispuestos para que el éxito les sonría, casi sin proponérselo, pues ya vienen de fábrica con el armazón adecuado. Otros, sin embargo, tienen que esforzarse al máximo en conseguir por sus propios méritos lo que la naturaleza le niega. Y es a ellos a los que dirigió su mirada el bueno de Dale Carnegie. También se forró, el pavo, con los millones de ejemplares que vendió.
Algunas de las pautas a seguir y que él consideró indispensables para que aquel que se lo proponga le vaya bien en la vida, a mi entender son agotadoras. Por ejemplo nos dice: Sé un buen oyente. Interésate sinceramente por los demás. Sonríe, o Habla pensando en lo que le interesa a los demás. Lo dicho, caer bien a la gente y ser un líder es un trabajo, como poco extenuante. Total, ahora que parece ser, y según sesudos estudios, las personas inteligentes suelen tener pocos amigos, me voy a pensar muy en serio seguir o no, sus indicaciones.
Dicho queda…
Joaquin Yerga
08/01/2017