Ningún legado es tan rico como la honestidad.(Shakespeare)
Quiero hoy, pasado el tiempo, recordarte joven.Y deseo con toda mi alma ser reflejo de tu compostura y bien hacer, en tu plenitud.Porque te busco en tu lozanía y no en tus últimos años cuando la enfermedad y el tiempo hicieron bien su trabajo causando estragos en tu ánimo.Ni tampoco con tu rostro, ajado, y prematuro marcado con arrugas insondables.Ni con tus cabellos blancos y orgullosos, campeando despóticamente sobre tu recia cabeza.Te preciso vital como cuando lo eras todo para mí y no plegado ni vencido por el peso agotador de la vida.Ni avejentado por la loable supremacía del deber para con los tuyos.Y es que tengo meridianamente claras mis convicciones. En mi memoria estarás fresco y lúcido, capaz de pilotar la nave familiar y conducirla a buen puerto, ejerciendo de admirado patrón como siempre lo hiciste.Porque ahora, a medida que pasa el tiempo y me acerco inevitable a tus últimos años, mis caprichosos recuerdos me llevan a verte cada vez más fuerte y apuesto como tú siempre fuiste; como a mí me contaron.Ellos, indulgentes, me llevan de la mano y me ayudan a subir en tus rodillas. Y a creerme el niño más feliz del mundo.O asomarme a la puerta y verte aparecer caminando calle arriba desplegando aquella magnánima sonrisa tuya al mirarme.Y tan impaciente por cogerme en tus brazos.Porque ahora, que han pasado tantos años desde que no estás conmigo, curiosamente, haría cualquier cosa por poder contarte...Te diría, si pudiera, que te acepto tal como eras, con tus virtudes que eran muchas y tus defectos, acentuados absurdamente en la inconsciencia de mi juventud.Y te contaría las de veces que acerté con tus consejos cuando los seguí.Y también las muchas que me equivoqué cuando obstinado no los tuve en cuenta.Incomprensiblemente, pondría hoy todo el empeño del mundo en poder conversar contigo. Quizás el mismo o más, con el que antes te rechacé.Y quiero que sepas, aunque ya no puedas escucharme, cuánto te echo de menos.Y lo que daría por estar junto a ti. Y pasear a tu lado y escuchar tus inquietudes. Y que tú atendieras las mías.Te contaría, sin duda, mil cosas de mi vida. Ésa vida a la que tú tanto dedicaste y por la que tanto te afligiste.Y te confesaría hoy, que ya he vivido los años suficientes, mis momentos más tristes para llorar juntos.Y también los menos malos para reconfortar tu ánimo. Confidencias por cierto que jamás a nadie revelaré y que reservo solo para ti.A menudo, en mis horas bajas o en los días tristes me acuerdo de ti, a pesar de los años sin verte.Y considero, sin ninguna indulgencia, lo tarde que me dí cuenta hasta qué punto te esforzaste en tus responsabilidades.Y lo que sufriste para superar esa época horrible de nuestra penosa historia.Y que lo diste todo, incluida tu salud, para que a todos nos fuera mejor.Si ahora estamos satisfechos en abundancias y modernidades te lo debemos a ti y a otros muchos como tú.Tú eras de los que todo lo daban para que los tuyos habitasen en un mundo mejor.Y ahora, aunque ya tarde, comprendo tus ideas y las hago mías.Y reconozco tus buenas maneras de hacer conmigo, tus justas enseñanzas y tu nobleza de hombre curtido en mil batallas en tiempos tan difíciles…Paradojas de la vida, he tenido que cumplir tus años y recorrer un largo camino para entender lo más evidente.Desapareciste de mi vida demasiado pronto, sin avisar.Y te fuiste sin alharacas, sin hacer ruido, casi sin molestar, pero dejaste un vacío tan grande que nunca fuimos capaces de llenar.Y ahora, aunque mis retóricas palabras suenen huecas y tardías.. ¡Me gustaría poder hablarte de tantas cosas!.Y es que hoy, que casi cumplo los años que tenías cuando me dejaste, y aunque tú no estés aquí para escucharme, quiero que sepas cuánto me duelen los abrazos que no quise darte.Y que esas lagrimas que entonces te escatimé brotan abundantes al recordarte, cuando ya es muy tarde… demasiado tarde.
cosasdeyerga
jueves, 18 de mayo de 2017
Con las botas puestas
sábado, 22 de abril de 2017
De Ikea y otras rubias
Me encantan los hombres, no porque sean hombres, sino porque no son mujeres.
(Cristina de Suecia)
¡¡Muerte a los reyes…!! Ésta consigna, tatuada en su cuerpo y escrito en francés se la encontraron los médicos de Carlos XIV, rey de Suecia, cuando fueron a amortajarlo el día de su fallecimiento. La peculiar paradoja ocurría allá por el año del señor de 1844.
Pudiera parecer, cuanto menos, incomprensible, o que de una inocentada se tratara, pero tiene una explicación plausible. Éste rey antes de coronarse, en absoluto provenía de familia real. No era de sangre azul, ni era sueco, sino, un plebeyo. Si, con todas las de la ley, un plebeyo y además francés.
Resulta que, antes de aceptar la corona de Suecia que le propuso una comisión formada por los personajes más relevantes de ese país, éste buen hombre había sido un general del ejército de Napoleón. Es más, uno de sus favoritos. De hecho, fue éste, (Napoleón), el que le hizo casar con una antigua amante suya Desiré, que era a su vez hermana de la mujer de su hermano José (Pepe botella para los castizos madrileños). Y, ya sabemos la preocupación del gran corso (Napoleón) por colocar estupendamente a toda su familia.
Jean-Baptiste Bernadotte, así se llamaba el futuro Carlos XIV de Suecia cuando todavía era plebeyo. Y como venía de la revolución francesa (fue un furibundo revolucionario) pues de ahí lo del tatuaje. Cuando la guerra de Francia contra Suecia, estaba al mando de las tropas francesas. Y tan bien se portó con los prisioneros suecos que éstos le cogieron tal cariño que viendo que su rey no tenía posibilidad de engendrar herederos se acordaron de Jean –Baptiste. Al morir el rey (el de toda la vida) sin descendencia directa coronaron a este, suertudo general de Napoleón, como rey de Suecia con el pomposo nombre de Carlos XIV.
Una pincelada de curiosidad… en la batalla de Waterloo, cuando todos los ejércitos europeos se coaligaron para vencer a Napoleón, (cosa que lograron) al amigo Bernadotte le tocó luchar contra su antiguo jefe. Parece ser que no tuvo empacho en hacerlo (ya había sido coronado). Y es que, la pela es la pela. Por cierto, el actual rey de Suecia, Carlos Gustavo XVI, es descendiente directo de este antiguo plebeyo… ¡Lo que son las cosas!!
Por hablar de todo un poco, y aprovechando que estamos en Suecia, pregunto… ¿Que conocemos los españoles de este gélido país?... ¿Qué sabemos de sus gentes?... apuesto a que si hiciéramos una encuesta sobre ellos en la España profunda (que es casi toda) nos dirían lo siguiente…
Que es un país lejano. Que sus mujeres, las suecas, tan rubias y tan despampanantes, venían todos los veranos a Benidorm o a Torremolinos a tostarse con nuestro sol meridional. Y que traían soliviantados a los machos ibéricos. Algunos pueden que recuerden a IKEA, a Pipi Calzaslargas, a los coches Volvo, o incluso al grupo eurovisivo Abba. Pues yo, si me lo permiten, les voy a contar algo más de ellos…
Para el que no lo sepa, Suecia, es de los países más extensos de Europa. Es casi como el nuestro en tamaño, aunque, solo tiene unos diez millones de altos y rubios habitantes. Que está situado en el extremo norte del continente y que su parte más septentrional se mete, casi, en el polo norte.
Decirles también que pertenece al grupo de los llamados países nórdicos, junto a Noruega, Finlandia y Dinamarca y que sus moradores provienen de los antiguos vikingos. De hecho, sus idiomas están emparentados, todos son de origen germánico, excepto Finlandia que tiene afinidad étnica con Hungría.
Lo más habitado y desarrollado del país es la zona centro. Ahí está situada su capital Estocolmo. Y sobre todo el sur, con sus otras dos grandes ciudades, Goteburgo y Malmoe. La mencionada capital es una ciudad muy bonita y bien cuidada, de unos setecientos mil habitantes, aunque su zona metropolitana cuenta con algo más de un millón y medio… Muchos le dicen la Venecia del norte, por sus canales y puentes.
Los suecos han sido desde hace mucho tiempo gente muy emprendedora y culta. Tienen una universidad, la de Uppsala, cerquita de Estocolmo que ha sido, y es, una de las más prestigiosas del mundo. En esa universidad se entregan los famosos premios Nobel… Les recuerdo que Alfred Nobel fue el inventor de la dinamita. Él creó unas cuantas empresas de armamento y se hizo muy rico. Después, un poco arrepentido por el uso tan cruel de estas armas, destinó parte de los beneficios de sus empresas a crear, (y dotar de un pastón) una serie de premios a gente que hicieran un gran bien por la humanidad.
Otra de las cualidades que tenemos que envidiar a los suecos seria su amor a la naturaleza… Su país es un modelo de sostenibilidad entre industria y medio ambiente. Gran parte de la industria maderera y del papel que usamos en Europa procede de sus extensos bosques de pinos y abetos. Y sin embargo lo hacen con tal primor y técnica que su superficie arbolada aumenta cada año.
Suecia fue de los primeros países en evolucionar hacia el estado del bienestar. Fue modelo (después muy imitado) en implicar a la población para que todos gozaran de las prebendas de una sociedad moderna (en educación, sanidad y servicios sociales). En igualdad de género también fueron pioneros en proporcionar una cierta discriminación positiva para alcanzar eso tan ansiado llamado, paridad real de sexos.
El sistema de gobierno que proporcionó este desarrollo social tan envidiado fue el socialdemócrata. Actualmente está un poco denostado porque la situación mundial ha cambiado. Ahora toca reducir el déficit y los impuestos para ser competitivos.
Era tal la ingenuidad de los suecos hasta principio de los ochenta que asesinaron a su primer ministro Olof Palme (amigo y tan admirado por Felipe González) porque a nadie se le ocurrió ponerle escolta.
El país fue de los primeros en acoger refugiados políticos de los diversos conflictos mundiales, y digo fue porque ahora se están replanteando el asunto. Debido a los problemas de seguridad y orden público en las ciudades, de parte de la población acogida, están endureciendo estas políticas, antes muy laxas.
Suecia ha tenido y tiene grandes empresas multinacionales de todo tipo… ¿Quién no recuerda a?…Volvo, Ikea (ésta paga sus impuestos en Holanda) Erickson, Saab, Electrolux, o Tetra Park (la de los envases).
El modelo económico sueco consiste básicamente en el pago de muy altos y progresivos impuestos. No obstante, reciben después de papá estado mucha asistencia de todo tipo. Entre ella, subsidio de paro envidiable, estudios universitarios completos gratis, o ayuda a mujeres embarazas, (que ya nos gustaría aquí). Esto hace también que muchas empresas trasladen sus sedes centrales a otros países más permisivos en temas tributarios.
Suecia se ha puesto también de moda últimamente por su literatura. Han surgido tantos autores de novela negra que se ha creado un género propio de autores suecos. Hay muchos y muy buenos… ¿Quién no ha leído algo del recientemente fallecido Henning Mankell y su inspector Wallander? o de ¿Camilla Lackberg, y Mari Jungstedt?... Esta pasión surgió o creció con la famosa trilogía de…Los hombres que no amaban a las mujeres, del malogrado Stieg Larsson.
Suecia ha sido, y lo sigue siendo, un mito en todos los aspectos para nosotros, los meridionales. Por sus valquirias tan rubias, por los indómitos vikingos, por su modelo económico, por sus brumas nórdicas en sus paisajes nevados, y ahora también por… IKEA. Yo, además de por todo eso, adoro este país por ser la tierra de mi adorada Greta Garbo y por engendrar en su seno a mi otra rubia prefe, Ingrid Bergman....
Dicho queda…
Joaquín Yerga
15/04/2015
jueves, 20 de abril de 2017
Sobre la bondad
Para tener éxito hay que tener amigos; para tener mucho éxito hay que tener enemigos.
(F.Sinatra)
Para toda persona su nombre es el sonido más dulce… Incuestionable sentencia ésta que formulaba en su libro mas leído, el escritor norteamericano Dale Carnegie. Nos contaba también, a modo de ejemplo, que conoció a un tipo en un pueblo de Pensilvania, de tres mil habitantes, que se sabía los nombres de pila de todos y cada uno de sus convecinos… Es más, cada vez que se encontraba con alguno de ellos por la calle le saludaba efusivamente por su nombre y jamás se equivocó. Éste individuo llegó a ser un personaje muy querido y respetado en su comunidad. Digamos con toda rotundidad que triunfó en ella.
Pasó ése libro por mis manos años atrás y he de confesarles que me pareció tan curioso que aun no lo he olvidado. De hecho, aun debo tenerlo por ahí, en alguna parte y dispuesto en cuanto lo tenga a tiro volverlo a releer. Y es que, y por hablar de todo un poco, definitivamente he vuelto al papel después de una corta temporada de serle infiel con la electrónica.
El tomo en cuestión es una especie de manual de autoayuda, concebido con la loable intención de influir en nuestro bienestar emocional. Su titulo es muy expresivo y nos dice mucho de su contenido: --Cómo hacer amigos--. Lo bueno y tan diferente de otros es que fue escrito en los años treinta del pasado siglo, es decir, no pertenece al boom de los actuales, en donde hay estanterías repletas de títulos como éste en las librerías.
El amigo Dale nos aconseja en su libro, fundamentalmente, cómo deberíamos comportarnos si queremos triunfar en sociedad. He de decirles que ésta obra fue un best seller mundial durante mucho tiempo, y muy influyente en ciertos medios norteamericanos, sobre todo, mercantiles y culturales. El meollo del asunto se basa en la creencia del autor, según la cual, si nos mostramos benevolentes con los demás, revierte después en nosotros como un boomerang todo su cariño y afecto, pero multiplicado por diez.
Lo cierto es que sus reglas no son fáciles de seguir. Deberemos esforzarnos lo suficiente para cumplirlas. Es decir, no es tarea sencilla para personas orgullosas, intransigentes o soberbias. Hay que señalar, no obstante, que está enfocado principalmente a individuos frustrados por la soledad, la timidez o la introversión. En pocas palabras, nos invita a proceder con empatía, e interés por los problemas de los demás. Si actuáramos así, nos asegura, tendremos ganado el cielo social y colectivo, porque contaremos para ello con muchos amigos para disfrutar una vida plena de felicidad.
Después de ojear algunos de los muchos ejemplares de autoayuda que pululan por el mercado, llego a la conclusión de que sus enseñanzas son similares. En todos nos recomiendan, (como Jesucristo) poner la otra mejilla cuando nos hieran. Y no deja de ser muy duro, pues no es fácil domeñar recelos o vanidades y transformarlos luego en simpatía y encanto para con los demás.
Lo más extraordinario de este volumen es que fue el primero que se atrevió a sugerirnos este tipo de comprensión y tolerancia para prosperar también en los negocios. Creo que los que osen echarle un vistazo saldrán reconfortados. Ha habido personajes importantes que, reconociendo seguir sus consejos, han admitido su utilidad para su triunfo en su vida personal y profesional. De los más conocidos, ahí tenemos al millonario, Warren Buffett, por cierto, el tercer hombre más rico del mundo y filántropo reconocido.
Apostaría lo que fuese que, para triunfar en los diferentes propósitos de la vida, incluido el personal, hace falta algo más que seguir las instrucciones de estos manuales, porque qué duda cabe que el carácter y la personalidad de cada uno influye de manera determinante en ello.
Imagino que los que tengan la suerte de poseer una bonita sonrisa, una simpatía arrolladora, o la fortuna de atesorar de serie supinas: paciencia y serenidad, les será más fácil tener amigos. Y como todo en la vida los hay ya predispuestos para que el éxito les sonría, casi sin proponérselo, pues ya vienen de fábrica con el armazón adecuado. Otros, sin embargo, tienen que esforzarse al máximo en conseguir por sus propios méritos lo que la naturaleza le niega. Y es a ellos a los que dirigió su mirada el bueno de Dale Carnegie. También se forró, el pavo, con los millones de ejemplares que vendió.
Algunas de las pautas a seguir y que él consideró indispensables para que aquel que se lo proponga le vaya bien en la vida, a mi entender son agotadoras. Por ejemplo nos dice: Sé un buen oyente. Interésate sinceramente por los demás. Sonríe, o Habla pensando en lo que le interesa a los demás. Lo dicho, caer bien a la gente y ser un líder es un trabajo, como poco extenuante. Total, ahora que parece ser, y según sesudos estudios, las personas inteligentes suelen tener pocos amigos, me voy a pensar muy en serio seguir o no, sus indicaciones.
Dicho queda…
Joaquin Yerga
08/01/2017
lunes, 20 de febrero de 2017
Poesia
La
poesía no quiere adeptos, quiere amantes.
(F.G.Lorca)
La poesía es un género
que, quizás debido que a veces es difícil de comprender, muchos renuncian a leer. Pero hay también poesías
sencillas que llegan a casi toda la gente por muy iletrada que éstas sean, precisamente por su sencillez. Y a mi entender son
éstas más dignas de alabar porque
entiendo que, encontrar frases hermosas que lleguen tan hondo como para enternecer, y en un lenguaje sencillo, es mucho más
difícil de crear. Y esto solo ocurre las
menos de las veces, incluso entre los
mayores genios.
No son
buenos tiempos para la lirica, dice la letra de una famosa canción. Tampoco
para las humanidades en general pues
hasta la filosofía o la literatura están
en desuso. Pero hubo una época, hace ya
demasiado tiempo, que componer versos
era lo más grande y solemne de una sociedad. La poesía, más que la prosa, tenía
un gran mérito entre los medios culturales de la comunidad. Es mas,
también las clases populares
apreciaban las composiciones
poéticas como un método noble,
sofisticado y emotivo de comunicación. Y la mejor manera de llegar al corazón de
las personas.
Hay poesías
reivindicativas, como las hay de cariz
político. Sin duda, también
mordaces o irónicas, capaces éstas de
ridiculizar al adversario, y sobre todo
descriptivas de paisajes bucólicos
y de ensueño. Pero las más conocidas y
entrañables son las que describen el amor más sublime, o hacen sufrir,
precisamente, por la amargura de un desamor. Éstas han sido siempre las más
aceptadas y leídas, digamos, por el pueblo.
Han habido en nuestra literatura lirica algunos
poetas excepcionales, pero solo aptos para entendidos, me estaba acordando de:
Luis Cernuda, de Juan Ramón Jiménez o Rubén Darío. Sin embargo otros,
justamente por su sencillez y hondura,
han llegado más al gran público; ahí tenemos al gran Antonio Machado, a Jorge Manrique, o al híper-sensible Bécquer.
Ojeando, una vez más, nuestro gran poemario nacional en castellano se me
ocurre rescatar algunos versos que entiendo, por su calidad o sencillez, puedan ser útiles de releer a quienes se atrevan a abrir esta página por lo hermosos.
Estoy seguro que muchos ya nos hemos deleitado con ellos en alguna que
otra ocasión, pero intuyo, nunca viene mal volverlos a disfrutar. Para otros será una grata novedad, y que espero sea como una puerta abierta a rebuscar en
nuestro archivo literario las muchas
maravillas inéditas de nuestra lengua.
Una breve de
Quevedo, uno de nuestros más incisivos poetas. Aquí estaba ya el hombre hecho
una piltrafa. Aun así se mofaba de sí mismo.
“¡Ah de la vida!”…
¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber
cómo ni a dónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; mañana
no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el hoy y mañana y
ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.
Ahí va este conocidísimo
poema del chileno Pablo Neruda. Imagino que cualquiera que lo vuelva a leer sentirá
un sentimiento indescriptible de aquel amor perdido, hace ya tanto…
Puedo escribir los
versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos
árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis
brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
O éste otro del
mismo autor, y también, por cierto, no por conocido menos conmovedor.
Me gustas cuando callas porque estás como
ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como
todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me
gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame
que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me
gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Y qué me dicen del
siguiente verso de Miguel Hernández, escrito en la cárcel a la espera de su
muerte inminente. Lo compuso al conocer la preñez de su mujer, y de alguna
manera le reconfortó saber que su paso por este mundo no fue estéril, sino, muy
fértil por su huella poética y humana.
He poblado tu
vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hasta mí dando saltos
de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.
Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano.
Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos,
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
El siguiente es un poema del
desconocido, para nosotros, José Batres.
Aunque imagino que no lo será tanto para los salvadoreños, pues ésa era su
nacionalidad.
Yo pienso en ti, tú
vives en mi mente,
sola, fija, sin tregua, a toda hora,
aunque tal vez el rostro indiferente
no deje reflejar sobre mi frente
la llama que en silencio me devora.
En mi lóbrega y yerta fantasía
brilla tu imagen apacible y pura,
como el rayo de la luz que el sol envía
a través de una bóveda sombría
al roto mármol de una sepultura.
Callado, inerte, en estupor profundo,
mi corazón se embarga y se enajena,
y allá en su centro vibra moribundo
cuando entre el vano estrépito del mundo
la melodía de su nombre suena.
Sin lucha, sin afán y sin lamento,
sin agitarme, en ciego frenesí,
sin proferir un sólo, un leve acento,
las largas horas de la noche cuento
y pienso en ti!
sola, fija, sin tregua, a toda hora,
aunque tal vez el rostro indiferente
no deje reflejar sobre mi frente
la llama que en silencio me devora.
En mi lóbrega y yerta fantasía
brilla tu imagen apacible y pura,
como el rayo de la luz que el sol envía
a través de una bóveda sombría
al roto mármol de una sepultura.
Callado, inerte, en estupor profundo,
mi corazón se embarga y se enajena,
y allá en su centro vibra moribundo
cuando entre el vano estrépito del mundo
la melodía de su nombre suena.
Sin lucha, sin afán y sin lamento,
sin agitarme, en ciego frenesí,
sin proferir un sólo, un leve acento,
las largas horas de la noche cuento
y pienso en ti!
Éste es Antonio
Machado, pero no de los más conocidos.
Soñé que tú me
llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...
Vive, esperanza ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...
Vive, esperanza ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!
Este si muy conocida
pero bien bonito como para volverlo a recordar..
Mi
infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
?ya conocéis mi torpe aliño indumentario?,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
?quien habla solo espera hablar a Dios un día?;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
?ya conocéis mi torpe aliño indumentario?,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
?quien habla solo espera hablar a Dios un día?;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
Aquí uno de Jaime Gil
de Biedma, catalán de buena cuna y homosexual atormentado.
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, era tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, era tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Joaquín Yerga
20/02/2017
sábado, 18 de febrero de 2017
¿Y tú me lo preguntas?
La suerte
es una flecha lanzada que hace blanco en el que menos la espera.
(C.Adenauer)
Decía
el gran Napoleón de los franceses, que él a la hora de elegir a sus generales,
no se esmeraba especialmente en sus dotes de mando, ni en el valor
de su estrategia militar, ¡Qué va!. Lo que más le
interesaba de ellos era su suerte. Él entendía que era más importante
gozar de ésta circunstancia que no de otras cualidades.
Si
Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, (Bécquer) hubiese
nacido cincuenta años antes, hubiera sido francés, y para rematar
la faena hubiera tenido la vocación de militar, jamás habría
llegado al grado de general, porque suerte tuvo, pero muy mala.
Bécquer
nació en Sevilla un día como hoy, 17 de febrero de 1836, y no
precisamente en un patio donde florece el limonero, como Machado. Pronto se
quedó huérfano de padres y fue su madrina el que se hizo cargo de él y de
su hermano mayor Valeriano. Era su padre un pintor de poca monta y
él, como nos sucede a todos de pequeños, quiso ser artista y seguir sus
pasos. Al final las letras le tiraron más, afortunadamente para nosotros.
Gracias a ésa elección perdimos a un pintor regular, pero ganamos uno de
los mejores poetas de nuestra literatura.
Lo
de apodarse Bécquer de apellido fue para darse más realce. Ya en esa lejana
época no nos gustaban nuestros nombres y apellidos, y
nos empecinábamos ir a la moda buscándolos fuera de nuestras fronteras.
Él rebuscó en su árbol genealógico y encontró un tío lejano alemán
llamado Bécquer que le pareció más apropiado.
Pronto
marchó a Madrid detrás de su hermano, buscando en la capital lo que en Sevilla
era imposible, vivir de la poesía. Se estableció en una pensión de mala muerte y las pasó canutas sobreviviendo
gracias a la ayuda de su hermano. En esto, (me estaba acordando),
su vida fue muy parecida a la del pintor Van Gogh. Ambos sufrieron
penalidades similares. Entre amores pasionales, publicación de algunas poesías
y mucha hambre, en 1957 contrajo tuberculosis. Asunto que a la postre le
llevaría a la tumba muy joven, demasiado joven, con tan solo treinta y
cuatro años.
Literariamente
a su obra se le cataloga como romanticismo tardío, pues debemos tener en cuenta
que éste movimiento artístico comienza en Europa con los autores alemanes
a principios del siglo XIX. Así que Bécquer ya iba tarde. Lo que sí es cierto
es que todo su trabajo: Rimas, Leyendas, Novelas y Poesías, es de un
romanticismo profundo.
Hablaba
antes de su mala suerte y, es que miren: se enamoró de manera apasionada, (como
era habitual en él), de una bella mujer con la que llegó a casarse,
y cuando la felicidad parecía sonreírle descubrió que ésta le ponía los
cuernos. Para más escarnio, si cabe, la bella dama se llamaba Casta. Ésto
(la infidelidad) le marcó para el resto de su corta vida. En muchas de sus
poesías se refleja ésta amargura amorosa. Curiosamente, pocos meses antes de su
muerte se reconcilió con ella.
Bécquer
murió en Madrid en 1870 entre el olvido y la indiferencia de sus
contemporáneos. Hoy su poesía está siendo reconocida como se merece,
y si no exagero demasiado, su figura como poeta habría que colocarla en
el podio de los tres mejores de nuestra literatura castellana universal.
Ahí
van algunos retazos de sus mejores versos, a mi entender. Y fíjense qué
sensibilidad para con el bello sexo. También pueden adivinar en cada uno de
ellos su momento personal y anímico.
Poesía.
No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al
beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;
mientras el aire en su regazo
lleve
perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no
alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista;
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista;
mientras la humanidad, siempre
avanzando
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras sintamos que se alegra el
alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que
reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa
¡habrá poesía!
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa
¡habrá poesía!
Tu pupila es azul.
Tu pupila es
azul, y cuando ríes
su claridad suave
me recuerda
el trémulo fulgor
de la mañana
que en el mar se
refleja.
Tu pupila es
azul, y cuando lloras
las transparentes
lágrimas en ella
se me figuran
gotas de rocío
sobre una violeta.
Tu pupila es
azul, y si en su fondo
como un punto de
luz radia una idea,
me parece en el
cielo de la tarde
¡una perdida
estrella!
Por una mirada
Por una mirada,
un mundo,
por una sonrisa,
un cielo,
por un beso… ¡yo
no sé!
qué te diera por
un beso.
Una lágrima.
Asomaba a sus
ojos una lágrima
y a mis labios
una frase de perdón,
habló el orgullo
y se enjugó su llanto
y la frase en mis
labios expiró
Yo voy por un
camino, ella por otro;
pero al pensar en
nuestro mutuo amor,
yo digo aún ¿Porqué
callé aquel día?
Y ella dirá: ¿Porqué
no lloré yo¿
Un trágico
sainete.
Nuestra pasión fue
un trágico sainete
en cuya absurda
fábula
lo cómico y lo
grave confundidos
risas y llanto
arrancan.
Pero lo peor de
aquella historia
que, al fin de la
jornada,
a ella tocaron
lágrimas y risas
¡y a mí sólo
lágrimas!
Suspiros.
¡Los suspiros son
aire y van al aire!
¡Las lágrimas son
agua y van al mar!
Dime mujer,
cuando el amor se olvida
¿Sabes tú donde
va?
Cuando me lo contaron
Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche;
en ira y en piedad se anegó el alma…
¡y entonces comprendí por qué se llora,
y entonces comprendí por qué se mata!
en ira y en piedad se anegó el alma…
¡y entonces comprendí por qué se llora,
y entonces comprendí por qué se mata!
Pasó la nube de dolor… Con pena
logré balbucear breves palabras…
¿Quién me dio la noticia?… Un fiel amigo…
¡Me hacía un gran favor!… Le di las gracias.
logré balbucear breves palabras…
¿Quién me dio la noticia?… Un fiel amigo…
¡Me hacía un gran favor!… Le di las gracias.
Herido.
Me han
herido recatándose en las sombras,
sellando con
un beso su traición.
Los brazos
me echó al cuello, y por la espalda
partiome a
sangre fría el corazón.
Y ella
prosigue alegre su camino,
feliz,
risueña, impávida, ¿y por qué?
Porqué no
brota sangre en la herida…
¡Porqué el
muerto está en pie!
Volverán
las golondrinas
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo
refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas… ¡no volverán!
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas… ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día….
ésas… ¡no volverán!
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día….
ésas… ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…desengáñate,
¡así no te querrán!
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…desengáñate,
¡así no te querrán!
Joaquín Yerga
17/02/2017
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