jueves, 18 de mayo de 2017

Con las botas puestas



Ningún legado es tan rico como la honestidad.
(Shakespeare)




 Quiero  hoy,  pasado el tiempo, recordarte joven.
Y deseo con toda mi alma ser reflejo de tu compostura y bien hacer, en tu  plenitud.
 Porque te  busco en tu lozanía y no en tus últimos años cuando  la enfermedad  y el tiempo hicieron bien su trabajo causando  estragos en tu ánimo.
Ni tampoco con  tu rostro,  ajado,  y  prematuro  marcado con arrugas insondables.
Ni con tus cabellos blancos y orgullosos,  campeando  despóticamente  sobre  tu recia  cabeza.
 Te preciso vital como cuando lo eras todo para mí  y  no  plegado  ni vencido por el peso  agotador de la vida.
Ni  avejentado  por la loable supremacía  del deber  para con los tuyos.
Y es que tengo meridianamente  claras  mis convicciones. En mi memoria   estarás   fresco  y  lúcido,  capaz de pilotar  la nave  familiar  y conducirla a buen puerto,  ejerciendo  de admirado patrón como siempre lo hiciste.
 Porque ahora, a medida que pasa  el tiempo  y me acerco inevitable  a tus últimos años, mis caprichosos  recuerdos me llevan  a  verte  cada vez más fuerte y apuesto como tú siempre fuiste; como a mí me contaron.
Ellos, indulgentes, me llevan de la mano  y me ayudan a subir en tus  rodillas. Y  a creerme el niño más feliz del mundo.
O  asomarme a la puerta y verte  aparecer caminando calle arriba desplegando  aquella  magnánima sonrisa  tuya  al mirarme.
Y tan impaciente  por  cogerme en tus brazos.
Porque ahora, que han pasado tantos años desde que no estás conmigo, curiosamente, haría cualquier cosa por poder contarte...
Te diría, si pudiera, que  te  acepto tal  como eras, con tus virtudes que eran muchas y tus defectos, acentuados absurdamente en  la inconsciencia de mi juventud. 
Y  te contaría las de veces que  acerté con tus consejos cuando los seguí.
Y también las  muchas que me equivoqué cuando obstinado no los tuve en cuenta.
Incomprensiblemente, pondría hoy todo el empeño del mundo en poder conversar contigo. Quizás  el mismo o más,  con el que antes te rechacé.
 Y quiero que sepas, aunque ya no puedas escucharme, cuánto te echo de menos.
Y lo que daría  por estar junto a ti. Y  pasear a tu lado y escuchar tus inquietudes. Y que tú atendieras  las mías.
Te  contaría, sin duda, mil  cosas  de mi vida. Ésa vida  a la que tú tanto dedicaste  y por la que tanto te afligiste.
Y te confesaría hoy, que ya he vivido los años suficientes, mis momentos más tristes para llorar juntos.
Y también los menos malos para reconfortar tu ánimo. Confidencias  por cierto que jamás a nadie revelaré y que reservo  solo  para  ti.
A menudo, en mis horas bajas o en los días tristes me acuerdo de ti, a pesar de los años sin verte.
Y considero, sin ninguna indulgencia, lo tarde que me dí  cuenta hasta qué punto te esforzaste en tus responsabilidades.
Y lo que sufriste  para  superar esa época horrible de nuestra penosa historia.
Y que lo diste todo, incluida tu salud,  para que a todos nos fuera mejor.
Si ahora estamos satisfechos en abundancias  y modernidades  te lo debemos  a ti  y  a otros muchos como tú.
Tú eras de los que todo lo daban  para que los tuyos  habitasen en un mundo mejor.
Y ahora, aunque ya  tarde, comprendo tus ideas y las hago mías.
Y reconozco  tus buenas  maneras de hacer conmigo, tus  justas enseñanzas  y  tu nobleza de hombre curtido en mil batallas en tiempos tan difíciles…
Paradojas de la vida, he tenido que cumplir tus años  y recorrer  un  largo camino  para entender  lo  más evidente.
Desapareciste de mi vida demasiado pronto, sin avisar.
Y te fuiste sin alharacas, sin hacer ruido, casi sin molestar,  pero dejaste un vacío tan grande que nunca fuimos capaces de llenar.
Y ahora,  aunque  mis retóricas palabras suenen  huecas y tardías.. ¡Me gustaría  poder hablarte de  tantas cosas!.
Y es que hoy, que casi cumplo los años que tenías cuando me dejaste, y aunque  tú no estés aquí para escucharme, quiero que sepas cuánto me duelen los abrazos que no quise darte. 
Y que  esas lagrimas que entonces  te escatimé brotan abundantes al recordarte, cuando ya es  muy tarde… demasiado  tarde.





sábado, 22 de abril de 2017

De Ikea y otras rubias

 Me encantan los hombres, no porque sean hombres, sino porque no son mujeres.
(Cristina de Suecia)  


 ¡¡Muerte a los reyes…!! Ésta consigna, tatuada en su cuerpo y  escrito en francés se la encontraron los médicos de Carlos XIV, rey de Suecia, cuando  fueron a amortajarlo el día de su fallecimiento. La peculiar paradoja ocurría allá por el año del señor de 1844.
 Pudiera parecer, cuanto menos, incomprensible, o que de una inocentada se tratara, pero tiene una explicación plausible. Éste rey antes de coronarse,  en absoluto provenía de familia real. No era de sangre azul, ni era sueco, sino, un plebeyo.  Si,  con todas las de la ley, un plebeyo y además francés.
 Resulta que, antes de aceptar la corona de Suecia que le propuso una comisión formada por los  personajes más relevantes de ese país, éste buen hombre había sido un general del ejército de Napoleón. Es más, uno de sus favoritos. De hecho,  fue éste, (Napoleón), el que le hizo casar con una antigua amante suya  Desiré, que era a su vez hermana de la mujer de su hermano José (Pepe botella para los castizos madrileños). Y, ya sabemos la preocupación del gran corso (Napoleón) por colocar estupendamente a toda su familia.
 Jean-Baptiste Bernadotte,   así se llamaba el futuro Carlos XIV  de Suecia cuando todavía era plebeyo.  Y como venía  de la revolución francesa  (fue un furibundo revolucionario) pues de ahí  lo del tatuaje. Cuando la guerra de Francia  contra Suecia, estaba al mando de las tropas  francesas.  Y tan bien se portó con los prisioneros suecos que éstos le cogieron tal cariño que viendo que su rey no tenía posibilidad de engendrar herederos se acordaron  de Jean –Baptiste.  Al morir el rey (el de toda la vida)  sin descendencia directa coronaron a este, suertudo general de Napoleón, como rey de Suecia  con el pomposo nombre de Carlos XIV.
 Una pincelada de curiosidad… en la batalla de Waterloo,  cuando todos los ejércitos europeos se coaligaron para vencer  a Napoleón, (cosa que lograron) al amigo Bernadotte le tocó luchar  contra  su antiguo jefe. Parece ser que no tuvo empacho en hacerlo (ya había sido coronado). Y  es que, la pela es la pela. Por cierto, el actual rey de Suecia, Carlos Gustavo XVI, es descendiente  directo de este antiguo plebeyo… ¡Lo que son las cosas!!
 Por hablar de todo un poco, y aprovechando que estamos en Suecia,  pregunto…  ¿Que conocemos  los españoles de este gélido país?... ¿Qué sabemos de sus gentes?... apuesto a que si hiciéramos una encuesta sobre ellos  en la España profunda (que es casi toda) nos dirían lo siguiente…
 Que es un país lejano. Que sus mujeres, las suecas, tan rubias y tan despampanantes, venían todos los veranos a Benidorm  o  a Torremolinos a tostarse con  nuestro  sol  meridional.  Y que traían  soliviantados  a los machos ibéricos. Algunos pueden que recuerden a  IKEA,  a Pipi Calzaslargas,  a los coches  Volvo, o  incluso al grupo eurovisivo  Abba.  Pues yo, si me lo permiten,  les voy a contar algo más de ellos…
 Para el que no lo sepa, Suecia, es de los países más extensos de Europa.  Es casi como el nuestro en tamaño, aunque, solo tiene unos diez millones de altos y rubios habitantes. Que está  situado en el extremo norte del continente y que su parte más septentrional  se mete, casi, en el polo norte.
 Decirles también que pertenece al grupo de los llamados países nórdicos, junto a Noruega, Finlandia y Dinamarca y que sus moradores provienen de los antiguos vikingos. De hecho, sus idiomas están emparentados, todos son de origen germánico, excepto  Finlandia que tiene afinidad étnica con Hungría.
 Lo más habitado y desarrollado del país es la zona centro. Ahí  está situada su capital Estocolmo.  Y sobre todo el sur, con sus otras dos grandes ciudades, Goteburgo y  Malmoe.  La mencionada capital es una ciudad muy  bonita y bien cuidada, de unos setecientos mil habitantes,  aunque su zona metropolitana cuenta con algo más de un millón y medio… Muchos le dicen la Venecia del norte, por sus canales y puentes.
 Los suecos han sido desde hace mucho tiempo gente muy emprendedora y culta. Tienen  una  universidad,  la de Uppsala, cerquita de Estocolmo que ha sido,  y es, una de las más  prestigiosas del mundo. En esa universidad se entregan los famosos premios Nobel… Les recuerdo que Alfred  Nobel  fue el inventor de la dinamita. Él creó unas cuantas empresas de armamento y se hizo muy rico. Después,  un poco arrepentido por el uso tan cruel de estas armas, destinó parte de los beneficios de sus empresas a crear, (y dotar de un pastón) una serie de premios a gente que hicieran un  gran bien por la humanidad.
 Otra de las cualidades que tenemos que envidiar  a los suecos seria  su amor a la naturaleza… Su país es un modelo de sostenibilidad entre industria y medio ambiente. Gran parte de la industria maderera y del papel que usamos en Europa procede de sus extensos bosques de pinos y abetos.  Y sin embargo lo hacen con tal primor y técnica que su superficie arbolada aumenta cada año.
 Suecia fue de los primeros países en evolucionar hacia el estado del bienestar. Fue modelo  (después muy imitado) en implicar a  la población para que todos gozaran de las prebendas de una sociedad moderna (en educación, sanidad  y servicios sociales). En igualdad de género también fueron pioneros  en proporcionar  una cierta discriminación positiva para alcanzar eso tan ansiado llamado, paridad real de sexos.
 El sistema de gobierno que proporcionó este desarrollo social tan envidiado fue el socialdemócrata. Actualmente  está un poco denostado porque la situación mundial ha cambiado. Ahora toca reducir el déficit y los impuestos para ser competitivos.
  Era tal la ingenuidad  de los suecos hasta principio de los ochenta que asesinaron a su primer ministro Olof Palme (amigo y tan admirado por Felipe González) porque a nadie se le ocurrió ponerle escolta.
 El país fue de  los primeros en acoger refugiados políticos de los diversos conflictos mundiales,  y digo fue porque ahora se están replanteando el asunto. Debido a los problemas de seguridad y orden público en las ciudades,  de parte de la población acogida, están endureciendo  estas políticas, antes muy laxas.
Suecia ha tenido y tiene grandes empresas  multinacionales  de todo tipo… ¿Quién no recuerda a?…Volvo, Ikea (ésta paga sus impuestos en Holanda)  Erickson, Saab, Electrolux, o Tetra Park (la de los envases).
 El modelo económico sueco consiste  básicamente en el pago de muy altos y progresivos  impuestos. No obstante,  reciben después de papá estado mucha asistencia de todo tipo.  Entre ella, subsidio de paro envidiable, estudios universitarios completos gratis, o  ayuda  a mujeres embarazas, (que ya nos gustaría aquí). Esto hace también que muchas empresas trasladen sus sedes centrales a otros países más permisivos en temas tributarios.
 Suecia se ha puesto también de moda últimamente por su literatura. Han surgido tantos  autores de novela negra que se ha creado  un género  propio de autores suecos. Hay muchos y muy buenos… ¿Quién no ha leído algo del recientemente fallecido  Henning  Mankell  y su inspector Wallander? o de  ¿Camilla Lackberg,  y  Mari Jungstedt?...  Esta pasión surgió o creció con la famosa trilogía de…Los hombres  que no amaban  a las mujeres,  del malogrado Stieg Larsson.
 Suecia ha sido, y lo sigue siendo, un mito en todos los aspectos para nosotros, los meridionales. Por sus valquirias tan rubias, por los indómitos vikingos, por su modelo económico, por sus brumas nórdicas en sus paisajes nevados, y ahora también por… IKEA. Yo, además de por todo eso, adoro este país por ser la tierra de mi adorada Greta Garbo y por engendrar en su seno a mi otra rubia prefe, Ingrid Bergman....
Dicho queda…
                                                                Joaquín Yerga
                                                                  15/04/2015



jueves, 20 de abril de 2017

Sobre la bondad






Para tener éxito hay que tener amigos; para tener mucho éxito hay que tener enemigos.


(F.Sinatra)



 Para toda persona su nombre es el sonido más dulce… Incuestionable sentencia ésta que formulaba en su libro mas leído, el escritor norteamericano Dale Carnegie. Nos contaba también, a modo de ejemplo, que conoció a un tipo en un pueblo de Pensilvania, de tres mil habitantes, que se sabía los nombres de pila de todos y cada uno de sus convecinos… Es más, cada vez que se encontraba con alguno de ellos por la calle le saludaba efusivamente por su nombre y jamás se equivocó. Éste individuo llegó a ser un personaje muy querido y respetado en su comunidad. Digamos con toda rotundidad que triunfó en ella.
 Pasó ése libro por mis manos años atrás y he de confesarles que me pareció tan curioso que aun no lo he olvidado. De hecho, aun debo tenerlo por ahí, en alguna parte y dispuesto en cuanto lo tenga a tiro volverlo a releer. Y es que, y por hablar de todo un poco, definitivamente he vuelto al papel después de una corta temporada de serle infiel con la electrónica.
 El tomo en cuestión es una especie de manual de autoayuda, concebido con la loable intención de influir en nuestro bienestar emocional. Su titulo es muy expresivo y nos dice mucho de su contenido: --Cómo hacer amigos--. Lo bueno y tan diferente de otros es que fue escrito en los años treinta del pasado siglo, es decir, no pertenece al boom de los actuales, en donde hay estanterías repletas de títulos como éste en las librerías.
  El amigo Dale nos aconseja en su libro, fundamentalmente, cómo deberíamos comportarnos si queremos triunfar en sociedad. He de decirles que ésta obra fue un best seller mundial durante mucho tiempo, y muy influyente en ciertos medios norteamericanos, sobre todo, mercantiles y culturales. El meollo del asunto se basa en la creencia del autor, según la cual, si nos mostramos benevolentes con los demás, revierte después en nosotros como un boomerang todo su cariño y afecto, pero multiplicado por diez.
  Lo cierto es que sus reglas no son fáciles de seguir. Deberemos esforzarnos lo suficiente para cumplirlas. Es decir, no es tarea sencilla para personas orgullosas, intransigentes o soberbias. Hay que señalar, no obstante, que está enfocado principalmente a individuos frustrados por la soledad, la timidez o la introversión. En pocas palabras, nos invita a proceder con empatía, e interés por los problemas de los demás. Si actuáramos así, nos asegura, tendremos ganado el cielo social y colectivo, porque contaremos para ello con muchos amigos para disfrutar una vida plena de felicidad.
  Después de ojear algunos de los muchos ejemplares de autoayuda que pululan por el mercado, llego a la conclusión de que sus enseñanzas son similares. En todos nos recomiendan, (como Jesucristo) poner la otra mejilla cuando nos hieran. Y no deja de ser muy duro, pues no es fácil domeñar recelos o vanidades y transformarlos luego en simpatía y encanto para con los demás.
  Lo más extraordinario de este volumen es que fue el primero que se atrevió a sugerirnos este tipo de comprensión y tolerancia para prosperar también en los negocios. Creo que los que osen echarle un vistazo saldrán reconfortados. Ha habido personajes importantes que, reconociendo seguir sus consejos, han admitido su utilidad para su triunfo en su vida personal y profesional. De los más conocidos, ahí tenemos al millonario, Warren Buffett, por cierto, el tercer hombre más rico del mundo y filántropo reconocido.
  Apostaría lo que fuese que, para triunfar en los diferentes propósitos de la vida, incluido el personal, hace falta algo más que seguir las instrucciones de estos manuales, porque qué duda cabe que el carácter y la personalidad de cada uno influye de manera determinante en ello.
  Imagino que los que tengan la suerte de poseer una bonita sonrisa, una simpatía arrolladora, o la fortuna de atesorar de serie supinas: paciencia y serenidad, les será más fácil tener amigos. Y como todo en la vida los hay ya predispuestos para que el éxito les sonría, casi sin proponérselo, pues ya vienen de fábrica con el armazón adecuado. Otros, sin embargo, tienen que esforzarse al máximo en conseguir por sus propios méritos lo que la naturaleza le niega. Y es a ellos a los que dirigió su mirada el bueno de Dale Carnegie. También se forró, el pavo, con los millones de ejemplares que vendió.
  Algunas de las pautas a seguir y que él consideró indispensables para que aquel que se lo proponga le vaya bien en la vida, a mi entender son agotadoras. Por ejemplo nos dice: Sé un buen oyente. Interésate sinceramente por los demás. Sonríe, o Habla pensando en lo que le interesa a los demás. Lo dicho, caer bien a la gente y ser un líder es un trabajo, como poco extenuante. Total, ahora que parece ser, y según sesudos estudios, las personas inteligentes suelen tener pocos amigos, me voy a pensar muy en serio seguir o no, sus indicaciones.


Dicho queda…



                                                                Joaquin Yerga


                                                                 08/01/2017













lunes, 20 de febrero de 2017

Poesia

La poesía no quiere adeptos, quiere amantes.
(F.G.Lorca)

 La poesía es un  género  que,  quizás debido  que a veces es difícil de comprender,  muchos renuncian a leer. Pero hay también poesías sencillas que llegan a casi toda la gente por muy iletrada que éstas  sean, precisamente por su sencillez.  Y a mi entender  son  éstas  más dignas de alabar porque entiendo que,  encontrar  frases hermosas que lleguen tan hondo  como para enternecer,  y en un lenguaje sencillo, es mucho más difícil de crear. Y esto solo ocurre  las menos de las veces, incluso entre  los mayores genios.
  No son buenos tiempos para la lirica, dice la letra de una famosa canción. Tampoco para las humanidades en general  pues hasta  la filosofía o la literatura están en desuso. Pero hubo  una época, hace ya demasiado tiempo,  que componer versos era lo más grande y solemne de una sociedad. La poesía, más que la prosa, tenía un  gran mérito  entre los medios culturales de la comunidad.  Es mas,  también las clases populares  apreciaban  las composiciones poéticas  como un método noble, sofisticado y emotivo de comunicación. Y la mejor manera de llegar al corazón de las personas.
 Hay poesías  reivindicativas, como las hay de cariz  político. Sin duda,  también mordaces o irónicas,  capaces éstas de ridiculizar al adversario, y sobre todo  descriptivas  de paisajes bucólicos y de ensueño. Pero las más conocidas  y entrañables son  las que describen  el amor más sublime, o hacen sufrir, precisamente, por la amargura de un desamor. Éstas han sido siempre las más aceptadas  y  leídas, digamos,  por el pueblo.
 Han habido en nuestra literatura lirica algunos poetas excepcionales, pero solo aptos para entendidos, me estaba acordando de: Luis Cernuda, de Juan Ramón Jiménez o Rubén Darío. Sin embargo otros, justamente por  su sencillez  y hondura,  han llegado más al gran público; ahí tenemos al gran  Antonio Machado, a Jorge Manrique,  o al híper-sensible Bécquer.
 Ojeando, una vez más,  nuestro  gran poemario nacional en castellano se me ocurre  rescatar algunos versos que  entiendo,  por su calidad o sencillez, puedan  ser útiles de releer a quienes  se atrevan a abrir esta página por lo hermosos.  Estoy seguro que muchos ya  nos hemos deleitado con ellos en alguna que otra ocasión, pero  intuyo,  nunca viene mal volverlos a disfrutar.  Para otros será una grata novedad,  y que  espero sea  como una puerta abierta a rebuscar  en  nuestro archivo literario  las muchas maravillas inéditas de nuestra lengua.

Una breve de Quevedo, uno de nuestros más incisivos poetas. Aquí estaba ya el hombre hecho una piltrafa. Aun así se mofaba de sí mismo.
“¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni a dónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.



Ahí va este conocidísimo poema del chileno Pablo Neruda. Imagino que cualquiera que lo vuelva a leer sentirá un sentimiento indescriptible de aquel amor perdido, hace ya tanto…

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos
           árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis
          brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

O éste otro del mismo autor, y también, por cierto, no por conocido menos conmovedor.

Me  gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, 
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.




Y qué me dicen del siguiente verso de Miguel Hernández, escrito en la cárcel a la espera de su muerte inminente. Lo compuso al conocer la preñez de su mujer, y de alguna manera le reconfortó saber que su paso por este mundo no fue estéril, sino, muy fértil por su huella poética y  humana.

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hasta mí dando saltos
de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.
Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano.
Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos,
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

El siguiente es un poema del desconocido, para nosotros,  José Batres. Aunque imagino que no lo será tanto para los salvadoreños, pues ésa era su nacionalidad.
Yo pienso en ti, tú vives en mi mente,
sola, fija, sin tregua, a toda hora,
aunque tal vez el rostro indiferente
no deje reflejar sobre mi frente
la llama que en silencio me devora.

En mi lóbrega y yerta fantasía
brilla tu imagen apacible y pura,
como el rayo de la luz que el sol envía
a través de una bóveda sombría
al roto mármol de una sepultura.

Callado, inerte, en estupor profundo,
mi corazón se embarga y se enajena,
y allá en su centro vibra moribundo
cuando entre el vano estrépito del mundo
la melodía de su nombre suena.

Sin lucha, sin afán y sin lamento,
sin agitarme, en ciego frenesí,
sin proferir un sólo, un leve acento,
las largas horas de la noche cuento
y pienso en ti!

Éste es Antonio Machado, pero no de los más conocidos.

Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...
Vive, esperanza ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!

Este si muy conocida pero bien bonito como para volverlo a recordar..
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, 
y un huerto claro donde madura el limonero; 
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla; 
mi historia, algunos casos que recordar no quiero. 

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido 
?ya conocéis mi torpe aliño indumentario?, 
más recibí la flecha que me asignó Cupido, 
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario. 

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, 
pero mi verso brota de manantial sereno; 
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, 
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. 

Adoro la hermosura, y en la moderna estética 
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard; 
mas no amo los afeites de la actual cosmética, 
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar. 

Desdeño las romanzas de los tenores huecos 
y el coro de los grillos que cantan a la luna. 
A distinguir me paro las voces de los ecos, 
y escucho solamente, entre las voces, una. 

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera 
mi verso, como deja el capitán su espada: 
famosa por la mano viril que la blandiera, 
no por el docto oficio del forjador preciada. 

Converso con el hombre que siempre va conmigo 
?quien habla solo espera hablar a Dios un día?; 
mi soliloquio es plática con ese buen amigo 
que me enseñó el secreto de la filantropía. 

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito. 
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago 
el traje que me cubre y la mansión que habito, 
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago. 

Y cuando llegue el día del último vïaje, 
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, 
me encontraréis a bordo ligero de equipaje, 
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Aquí uno de Jaime Gil de Biedma, catalán de buena cuna y homosexual atormentado.
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, era tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

                                                 Joaquín Yerga
                                                  20/02/2017


sábado, 18 de febrero de 2017

¿Y tú me lo preguntas?

La suerte es una flecha lanzada que hace blanco en el que menos la espera.
(C.Adenauer)


 Decía el gran Napoleón de los franceses, que él a la hora de elegir a sus generales, no se esmeraba especialmente en sus dotes de mando, ni en el valor de su estrategia  militar, ¡Qué va!.  Lo que más le interesaba de ellos era su suerte. Él entendía que era más importante gozar de ésta circunstancia que no de otras cualidades.
 Si  Gustavo Adolfo Domínguez  Bastida,  (Bécquer)  hubiese nacido cincuenta años antes, hubiera  sido francés,  y para rematar la faena  hubiera tenido la vocación de militar,  jamás habría llegado al grado de general, porque suerte  tuvo, pero muy mala.
 Bécquer nació en Sevilla un día como hoy,  17 de febrero de 1836,  y no precisamente en un patio donde florece el limonero, como Machado. Pronto se quedó huérfano de padres y fue su madrina el que se hizo cargo de él  y de su hermano mayor Valeriano.  Era su padre  un pintor de poca monta y  él, como nos sucede a todos de pequeños, quiso ser artista y seguir sus pasos.  Al final las letras le tiraron más, afortunadamente para nosotros. Gracias a ésa elección  perdimos a un pintor regular, pero ganamos uno de los mejores poetas de nuestra literatura.
 Lo de apodarse Bécquer de apellido fue para darse más realce. Ya en esa lejana época no nos gustaban  nuestros  nombres  y apellidos,  y nos empecinábamos  ir a la moda buscándolos fuera de nuestras fronteras. Él  rebuscó en su árbol genealógico y encontró un tío lejano alemán llamado Bécquer que le pareció más apropiado.
 Pronto marchó a Madrid detrás de su hermano, buscando en la capital lo que en Sevilla era imposible, vivir de la poesía.  Se estableció en una pensión de mala muerte y las pasó canutas sobreviviendo gracias a la ayuda de su hermano.  En esto, (me estaba acordando),  su vida fue muy parecida a la  del pintor Van Gogh. Ambos sufrieron penalidades similares. Entre amores pasionales, publicación de algunas poesías y mucha hambre, en 1957 contrajo tuberculosis. Asunto que a la postre le llevaría a la tumba muy joven, demasiado joven, con tan solo  treinta y cuatro años.
 Literariamente a su obra se le cataloga como romanticismo tardío, pues debemos tener en cuenta que éste movimiento artístico comienza en Europa con los autores alemanes  a principios del siglo XIX. Así que Bécquer ya iba tarde. Lo que sí es cierto es que todo su trabajo: Rimas, Leyendas, Novelas y Poesías, es de un romanticismo profundo.
 Hablaba antes de su mala suerte y, es que miren: se enamoró de manera apasionada, (como era  habitual en él), de una bella mujer con la que llegó a casarse,  y cuando la felicidad parecía sonreírle descubrió que ésta le ponía los cuernos. Para más escarnio, si cabe,  la bella dama se llamaba Casta. Ésto (la infidelidad) le marcó para el resto de su corta vida. En muchas de sus poesías se refleja ésta amargura amorosa. Curiosamente, pocos meses antes de su muerte se reconcilió con ella.
 Bécquer murió en Madrid en 1870 entre el olvido y la indiferencia de sus contemporáneos.  Hoy su poesía está siendo reconocida como se merece,  y si no exagero demasiado, su figura como poeta habría que colocarla en el podio de los tres mejores de nuestra literatura castellana universal.
 Ahí van algunos retazos de sus mejores versos,  a mi entender. Y fíjense qué sensibilidad para con el bello sexo. También pueden adivinar en cada uno de ellos su momento personal y anímico.

Poesía.
No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista;
mientras la humanidad, siempre avanzando
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras sintamos que se alegra el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa
¡habrá poesía!

Tu pupila es azul.

Tu pupila es azul, y cuando ríes
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul, y cuando lloras
las transparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.

Tu pupila es azul, y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea,
me parece en el cielo de la tarde
¡una perdida estrella!


Por una mirada
Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso… ¡yo no sé!
qué te diera por un beso.

Una lágrima.

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mis labios una frase de perdón,
habló el orgullo y se enjugó su llanto
y la frase en mis labios expiró

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún ¿Porqué callé aquel día?
Y ella dirá: ¿Porqué no lloré yo¿

Un trágico sainete.

Nuestra pasión fue un trágico sainete
en cuya absurda fábula
lo cómico y lo grave confundidos
risas y llanto arrancan.

Pero lo peor de aquella historia
que, al fin de la jornada,
a ella tocaron lágrimas y risas
¡y a mí sólo lágrimas!

Suspiros.

¡Los suspiros son aire y van al aire!
¡Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime mujer, cuando el amor se olvida
¿Sabes tú donde va?

Cuando me lo contaron

Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche;
en ira y en piedad se anegó el alma…
¡y entonces comprendí por qué se llora,
y entonces comprendí por qué se mata!
Pasó la nube de dolor… Con pena
logré balbucear breves palabras…
¿Quién me dio la noticia?… Un fiel amigo…
¡Me hacía un gran favor!… Le di las gracias.

Herido.

Me han herido recatándose en las sombras,
sellando con un beso su traición.
Los brazos me echó al cuello, y por la espalda
partiome a sangre fría el corazón.

Y ella prosigue alegre su camino,
feliz, risueña, impávida, ¿y por qué?
Porqué no brota sangre en la herida…
¡Porqué el muerto está en pie!

Volverán las golondrinas
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas… ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día….
ésas… ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…desengáñate,
¡así no te querrán!

                                         Joaquín Yerga

                                           17/02/2017