Ningún legado es tan rico como la honestidad.(Shakespeare)
Quiero hoy, pasado el tiempo, recordarte joven.Y deseo con toda mi alma ser reflejo de tu compostura y bien hacer, en tu plenitud.Porque te busco en tu lozanía y no en tus últimos años cuando la enfermedad y el tiempo hicieron bien su trabajo causando estragos en tu ánimo.Ni tampoco con tu rostro, ajado, y prematuro marcado con arrugas insondables.Ni con tus cabellos blancos y orgullosos, campeando despóticamente sobre tu recia cabeza.Te preciso vital como cuando lo eras todo para mí y no plegado ni vencido por el peso agotador de la vida.Ni avejentado por la loable supremacía del deber para con los tuyos.Y es que tengo meridianamente claras mis convicciones. En mi memoria estarás fresco y lúcido, capaz de pilotar la nave familiar y conducirla a buen puerto, ejerciendo de admirado patrón como siempre lo hiciste.Porque ahora, a medida que pasa el tiempo y me acerco inevitable a tus últimos años, mis caprichosos recuerdos me llevan a verte cada vez más fuerte y apuesto como tú siempre fuiste; como a mí me contaron.Ellos, indulgentes, me llevan de la mano y me ayudan a subir en tus rodillas. Y a creerme el niño más feliz del mundo.O asomarme a la puerta y verte aparecer caminando calle arriba desplegando aquella magnánima sonrisa tuya al mirarme.Y tan impaciente por cogerme en tus brazos.Porque ahora, que han pasado tantos años desde que no estás conmigo, curiosamente, haría cualquier cosa por poder contarte...Te diría, si pudiera, que te acepto tal como eras, con tus virtudes que eran muchas y tus defectos, acentuados absurdamente en la inconsciencia de mi juventud.Y te contaría las de veces que acerté con tus consejos cuando los seguí.Y también las muchas que me equivoqué cuando obstinado no los tuve en cuenta.Incomprensiblemente, pondría hoy todo el empeño del mundo en poder conversar contigo. Quizás el mismo o más, con el que antes te rechacé.Y quiero que sepas, aunque ya no puedas escucharme, cuánto te echo de menos.Y lo que daría por estar junto a ti. Y pasear a tu lado y escuchar tus inquietudes. Y que tú atendieras las mías.Te contaría, sin duda, mil cosas de mi vida. Ésa vida a la que tú tanto dedicaste y por la que tanto te afligiste.Y te confesaría hoy, que ya he vivido los años suficientes, mis momentos más tristes para llorar juntos.Y también los menos malos para reconfortar tu ánimo. Confidencias por cierto que jamás a nadie revelaré y que reservo solo para ti.A menudo, en mis horas bajas o en los días tristes me acuerdo de ti, a pesar de los años sin verte.Y considero, sin ninguna indulgencia, lo tarde que me dí cuenta hasta qué punto te esforzaste en tus responsabilidades.Y lo que sufriste para superar esa época horrible de nuestra penosa historia.Y que lo diste todo, incluida tu salud, para que a todos nos fuera mejor.Si ahora estamos satisfechos en abundancias y modernidades te lo debemos a ti y a otros muchos como tú.Tú eras de los que todo lo daban para que los tuyos habitasen en un mundo mejor.Y ahora, aunque ya tarde, comprendo tus ideas y las hago mías.Y reconozco tus buenas maneras de hacer conmigo, tus justas enseñanzas y tu nobleza de hombre curtido en mil batallas en tiempos tan difíciles…Paradojas de la vida, he tenido que cumplir tus años y recorrer un largo camino para entender lo más evidente.Desapareciste de mi vida demasiado pronto, sin avisar.Y te fuiste sin alharacas, sin hacer ruido, casi sin molestar, pero dejaste un vacío tan grande que nunca fuimos capaces de llenar.Y ahora, aunque mis retóricas palabras suenen huecas y tardías.. ¡Me gustaría poder hablarte de tantas cosas!.Y es que hoy, que casi cumplo los años que tenías cuando me dejaste, y aunque tú no estés aquí para escucharme, quiero que sepas cuánto me duelen los abrazos que no quise darte.Y que esas lagrimas que entonces te escatimé brotan abundantes al recordarte, cuando ya es muy tarde… demasiado tarde.
jueves, 18 de mayo de 2017
Con las botas puestas
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